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Antonio Machado, andadura de un poeta errante.

Antonio Machado Antonio Machado, el gran poeta español, aquel de la voz más sencilla, clara y profunda, fue templando gradualmente su espíritu, golpe a golpe, a través de una infancia, juventud y soledad rodeada de privaciones y tristes acontecimientos. Con su familia primero, y en solitario después, fue migrando desde su casa natal en Sevilla hasta Madrid, dos viajes a París y regreso, a Soria para vivir su primer idilio, luego un traslado por melancolía a Baeza, de allí a Segovia, acercamientos a Madrid, una temporada de activismo político en Valencia, exilio en Barcelona, para culminar su camino a pie, cruzar la frontera francesa por última vez y descansar, por fin y definitivamente, en el pueblito de Collioure.

El 22 de febrero de 1939, fallecía el poeta, quien transitara en vida por penurias económicas; sustracción de sus afectos por las muertes causadas por enfermedades; una abrumadora soledad amorosa apenas interrumpida; aflicción, identificación y lucha por su país, por el sufrimiento del pueblo; padeció la inclemente intemperie del ambiente político hasta su derrumbe físico final, abatido en su salud por dolorosos acontecimientos.

En su juventud vio cómo su padre, folclorista licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras, tuvo que marcharse a trabajar al extranjero para aliviar las estrecheces del hogar familiar, emplearse en la administración pública de Puerto Rico, y contraer casi enseguida la tuberculosis por la que no pudo reunirse con sus hijos al regresar, gravemente enfermo, en 1893, para morir a los 46 años. De su madre no se separará nunca, hasta el día de su muerte.

Antonio Machado, "Retrato" (Campos de Castilla). (354 Kb)

En 1896 fallece el abuelo de Machado, que brindaba protección a la familia, les deja en una posición económicamente indefensa. Cipriana Machado, su hermana, falleció a la edad de 14 años de una neumonía, en 1900. Su hermano mayor, el escritor Manuel, también tuvo que emigrar tempranamente, intentando radicarse en París para abrirse camino en el oficio de poeta.

Debió partir ante la ingente falta de horizontes laborales, después de acabar tardíamente el bachillerato, y junto a su hermano, descubrió la vida literaria en una gran ciudad, tuvo sus primeros contactos con personalidades de las letras, fragua de sus posteriores aspiraciones como literato, -conoce a Oscar Wilde, a Pío Baroja, a Henri Bergson-, mientras trabajaban en una editorial como traductores.

Vivió con intensidad esas primeras participaciones en el mundillo artístico, con algunos encuentros tan fulgurantes como decisivos, como el que tuvo con Rubén Darío, al que incluso se atrevió a presentarle poemas de producción propia. Machado escribió en su período parisino buena parte de los poemas que luego compusieron la 1a edición de Soledades.

Antonio Machado. Se ha asomado una cigüeña. (Soledades. Galerías). (172 Kb)

Esas primeras experiencias en francés, idioma que más adelante le facilitaría su inserción en la enseñanza y fuente de trabajo, le radicarían en Soria, tierra que obró en él una fuerte inspiración y lugar poético donde descubriría su primer gran amor. Al regreso de París, frecuentó el mundo teatral madrileño con su grupo de amigos, y entabló relaciones con escritores destacados. Conoció a Unamuno, a Juan Ramón Jiménez, cultivó sus relaciones con Valle Inclán, Azorín, Benavente, y escribió en revistas, sin poder sustentarse económicamente. Por consejo de Giner de los Ríos decide preparar oposiciones para enseñar francés, que aprueba, eligiendo plaza en Soria.

Antonio Machado con su mujer el día de su boda.

En los campos sorianos el poeta respira y descubre el amor en la figura frágil, fresca y juvenil de su novia Leonor Izquierdo. La dicha del poeta se quiebra con su prematura muerte por una tuberculosis contraída en un viaje a París, en el funesto año 1912. El poeta se hunde, su dolor inmenso no encuentra alivio, y se refugia en la desesperación. Escribe y publica entonces continuamente, y es ampliamente reconocido, incluso nombrado para ocupar sillón en la Real Academia Española, (1927), que por diferentes motivos y postergaciones no llega a ocupar. Pero es su soledad interior la que va creciendo, aún cuando fue afectuosamente rodeado por su familia cercana, amigos y escritores.

Antonio Machado, A un olmo seco. (Campos de Castilla). (225 Kb)

Va erigiendo el primer esbozo del ser español, materia en perpetua elaboración, meditando con austera mirada sobre el paisaje castellano y los hombres que en él moran. Hay un desplazamiento interior, de la poesía a la prosa, de la prosa a trazos filosóficos, el rasgo aparece amargo, profundo, crítico; hasta que en 1928 ocurre un milagro: el poeta vuelve a entusiasmarse con una escritora, nueva musa que lo conmueve hasta la zozobra, le escribe 240 cartas y se ilusiona con sostener un difícil vínculo, alternando períodos de encuentros espaciados hasta la separación definitiva, cuando ella emigra a Portugal en 1935. "Se canta lo que se pierde", dice en una poesía un papagayo verde, otro álter ego del autor...

Los caminos de Machado se van angostando, y sus últimos desplazamientos, que anuncian un final de agotamiento, intolerancia y persecución, muestran a través del mapa español una errancia en busca del sosiego, de la inspiración, de la búsqueda imposible de un tiempo anterior.

Machado, quien tantas elegías, necrológicas y homenajes dedicó a sus amigos escritores, se convirtió en objeto de estudio, respeto y veneración para generaciones de lectores de su obra, desplegada a través de una vida sencilla y honesta, comprometida sin vacilaciones con la cambiante realidad social de su época, reflejada admirablemente en la constante evolución de su escritura que cobra aún más consistencia con el transcurso del tiempo.

Antonio Machado. Juan de Mairena. (143 Kb)

El paso del poeta por los diferentes paisajes de su vida ha dejado una huella inspirada de sus vivencias, Retrato en Sevilla, Campos de Soria, o Canciones del Alto Duero cuando llegó a dicha ciudad, Soledades reflejaba su estadía en París y regreso a Madrid, de Baeza nos lega sus Apuntes y Nuevas Canciones, en Segovia comienza la serie de poemas y cartas dedicados a Guiomar, la prosa filosófica de Juan de Mairena es publicada en vísperas de la guerra civil, antes de ir a Valencia, y allí, con ilustraciones de su hermano José Machado, aparece La Guerra, para dejar rastro en vida del periplo creativo de una de las voces más representativas del sentir del pueblo español.