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Nuestro eterno compañero de viaje: el libro

Escritura cuneiformeEl libro, tal y como lo conocemos actualmente, ha ido evolucionando a través del tiempo. El primer formato conocido donde se registraba la del hombre, eran unas tabletas de arcilla fresca, que, con una punta del stylus se inscribían letras de tipo cuneiforme y con el otro extremo, más plano, se borraban y corregían las anotaciones. Después se entregaban al proceso de cocción, que fijaba un registro definitivo, haciendo que perdurara lo grabado, a condición de que la tablilla no se quebrara. El tesoro, fueran granos de trigo o hechos dignos de recuerdo, quedaban contados, a resguardo de la pérdida y del olvido, y en el futuro se podían consultar.

Libro del Saber de Astronomía. Alfonso X, el Sabio.Este modo de preservar la memoria mediante lo escrito, trajo consigo una nueva complejidad, dado que comenzó a darse un fenómeno de acumulación de tales registros, y dichas anotaciones cobraron valor. Quienes las poseían, tenían en sus manos el resumen de un trabajo y su fruto inesperado: el conocimiento y muchas veces, el poder.

En algún momento, estas sencillas inscripciones, recuentos administrativos de cosechas y lluvias, nacimientos y defunciones, eclipses o inundaciones, meras constataciones de eventos, comenzaron a cambiar de naturaleza. Los escritos se transformaron lentamente, y fueron contando otras cosas que no podían subsumirse en cifras, la escritura estrenó nuevos trajes, se tornó elegante, descriptiva, poética, religiosa o introspectiva, hasta banal. La antigua tradición de relatos orales, las sagas, poemas y odas épicos que se trasmitían de boca en boca, -prodigios de memorias portentosas- fueron generando espacios para nuevas maneras y formas de narrar.

Los cuentos solían referir leyendas, mitos y folklores populares. Expresaban el sentir de los pueblos, identificados en la figura de sus héroes, y con la escritura ya no se precisaban recitadores precisos y actores rigurosos, bastaba con tener a mano tablillas, luego papiros, rollos o códices, para revivir gloriosas epopeyas y gestas del pasado.

La imprenta: una revolución silenciosa

Gutenberg y la imprentaVarios cambios sucedieron con la aparición del sistema de Gutenberg que dio fin a la Edad Media, abrió camino a la Modernidad, y trajo de la mano innumerables consecuencias. El libro organizaba la escritura al modo de los códices, ágil para su acceso y consulta, (al contrario que los rollos), los tipos móviles (de madera al principio, luego de metal), podían ser reutilizados innumerables veces, reduciendo los costes de fabricación y los tiempos de copiado (antes realizados por verdaderos artesanos), dando lugar al auge de la técnica reprográfica, modelo de fabricación sucesiva que la industria asimilaría de a poco, hasta evolucionar. Con el e-book tenemos archivos bibliográficos en formatos sin papel.

La lectura se divulgó, se hizo accesible a clases menos pudientes. Los libros fueron objetos raros y novedosos que lentamente comenzaron a circular, inaugurando circuitos de coleccionismo, de acumulación de saber, de veneración o rechazo. También fueron instrumentos de recopilación y difusión de ideas, tanto políticas, artísticas, científicas o religiosas, y los hábitos y pensamientos de los ciudadanos, se vieron en adelante irreversiblemente afectados por él.

El modo de leer se fue modificando a su vez: de realizarse en reuniones sociales, ilustres lecturas en alta voz por personas distinguidas, fue recogiéndose hacia el ámbito personal, silencioso. Del ritmo y tiempo ajeno de la voz proferida por el narrador, al tiempo íntimo, aislado e individual. ??nico, el ritmo personal, en el origen de la distinción de los ámbitos público y privado.

James JoyceLa complejidad de la literatura en los tiempos no ha hecho más que aumentar, somos contemporáneos del nacimiento de la crítica, escritos sobre escritos; testigos de ensayos sobre la poeisis y creación literaria; de experimentos narrativos como los de Proust, Cortázar, Robbe-Grillet, o Joyce, por nombrar algunos pocos, que han generado un verdadero corpus literario que dialoga entre sí y con otros lenguajes (el cine, el periodismo, la historieta, el ensayo científico) con ingeniosas referencias cruzadas, estimulando la inteligencia en un juego de intertextualidad del razonamiento, generador a su vez, de una multiplicidad de significaciones, al infinito, como lo querría Borges.

Hemos recorrido unos 6.000 años de lecturas, y no han saciado nuestro apetito por conocer.